jueves, 27 de abril de 2017

La leyenda de Catalina Lercaro





Cuenta la leyenda que en La Laguna vivía una familia de adinerados colonos genoveses apellidados Lercaro. Era una familia de comerciantes que llegaron a Tenerife tras ser conquistada la isla. Sus componentes era Francisco Lercaro de León, su mujer Catalina Justiniani y Justiniani y su joven hija Catalina.





Los Lercaro eran una familia adinerada y de buena posición y, como toda familia que venía de fuera de las islas, eran personas de normas muy estrictas por lo que el padre obligó a Catalina a casarse muy joven con otro adinerado cacique de la isla, un hombre de muy avanzada edad y conocido por su despotismo y comercio de la venta de esclavos. Francisco Lercaro, el padre como todo buen padre de la época, deseaba casar a temprana edad a su hija por dos razones, la primera porque así recibía una dote millonaria que haría inflar aún más sus arcas del tesoro y segundo porque así evitaba que quedase soltera y perdiese esa dote. Así que, para conseguir más riquezas el padre de Catalina organizó los preparativos de la boda.




La joven Catalina no quería a aquel hombre, le causaba asco y solo con escuchar oir su nombre, un tremendo sentimiento de rebulsión y dolor le recorría su corazón.

El día antes de su boda, se dirigió a su hija para recordárselo para que fuese preparando ya el vestido de boda que le ha habían hecho a medida. Tra abandonar su padre las estancias de la joven, se hundió en una profunda depresión. Sin saber qué hacer corrió, desesperada a su habitación y se encerró en ella.




Catalina pasó horas y horas llorando sobre su cama. No abrió ni aún ante la insistencia de sus padres los cuales al final desistieron de entrar en su habitación creyendo que ya se le pasaría. Entre llanto y llanto, la joven se quedó dormida sobre su cama y cuando despertó se dio cuenta que era noche cerrada y, por el silencio, supuso que todos en la casa estaban durmiendo.

Con una tristeza imposible de describir, se levantó como un alma en pena y corrió descalza por los largos pasillos de madera de su casa intentando huir pero sin saber a dónde. Corría como una poseída en la oscuridad de la noche y con la bata blanca de dormir parecía más un fantasma que la preciosa joven que era.

Cegada por la impotencia y la pena, bajó las escaleras que conducen desde la cocina hasta uno de los patios intentando encontrar una la salida de la casa pero los sirvientes y su padre tenían las llaves de la vieja cerradura muy bien guardada. Entonces, en un arrebato de desesperación, decidió quitarse la vida arrojándose al viejo pozo que estaba en el patio. Cuentan que en aquel momento un silencio triste, lúgubre y amargo se apoderó de la vivienda.

Con los primeros rayos de luz la casa comenzaba a recobrar movimiento. En la cocina los sirvientes, como todos lo días, comenzaban a preparar el desayuno de sus señores. Cuando una de las mujeres encargadas de la cocina bajó al patio para sacar agua del pozo notó algo extraño al tirar el cubo a las profundidades y tras intentar mirar en la oscuridad observó que algo flotaba en el fondo. Su garganta lanzaría un grito desgarrador... ¡¡ NIÑA CATALINA !! ... había reconocido en el fondo el traje que solía utilizar a diario. Catalina Lercaro flotaba boca arriba con la mirada mirando hacia el cielo.



El padre bajó corriendo de sus aposentos asustado por los gritos y sin saber qué ocurría. Al llegar al pozo y ver los llantos de los sirvientes, su rostro palideció. La familia quedaría sumida en una honda tristeza tras el descubrimiento.





Tras negociar con el obispo varias veces y tras intentar infructuosamente arreglarlo con alguna suculenta dádiva a la iglesia, el padre de la joven recibió la negativa de la iglesia a enterrar en campo santo a su hija por ser víctima de suicidio. Tras regresar a su casa decidió darle sepultura uno de los patios interiores de la propia vivienda.



A las pocas semanas los sirvientes de la casa comenzaron a rumorear que por los pasillos veían sombras, escuchaban pisadas y oían ruidos extraños, incluso una de las mujeres, encargadas de preparar las camas y limpiar los dormitorios, afirmó haber visto a la difunta Catalina recostada en la que fue su lecho. En otra ocasión una de las jóvenes del servicio fue al pozo a recoger agua para preparar la comida cuando al asomarse a la boca del pozo se encontró con la sorpresa de que el agua se había teñido de rojo al tiempo que tras ella se le apareció el espectro de la difunta.


También estos hechos insólitos les ocurrió a los padres de Catalina. Como la situación en la casa ya era insostenible decidieron cambiar su domicilio al norte de la isla y se mudaron al Valle de La Orotava fijando allí su nueva residencia.

Una vez instalados en la nueva casa, los fenómenos extraños no volvieron a reproducirse en ella.



Pero también cuenta la leyenda que aún, hoy en día, hay quien sigue viendo a Catalina rondar por la casa Lercaro, en La Laguna.


viernes, 21 de octubre de 2016

52 Aniversario de la Bandera Nacional Canaria

52 Aniversario de la Bandera Nacional Canaria

Manifestación
Sabado 22 de octubre a las 18:00 horas
en la Plaza de la Concepción de Aguere.
Finalización del acto: Parque los dragos

Al finalizar se leerá el manifiesto y habrá actuaciones musicales

Organiza:
Coordinadora 22 Octubre - Tenerife

sábado, 24 de septiembre de 2016

El Ladrón de los Guantes Blancos - 1926



El 6 de Septiembre de 1926 se estrenaba en Tenerife (Canarias) el primer largometraje realizado íntegramente en nuestras islas y por un grupo de amigos canarios: “El ladrón de los guantes blancos”.

Como operador fotográfico y dirección técnica corrió a cargo de José González Rivero. Se encargaría de la iluminación, cámara, revelado, montaje o tirado de copias y de la dirección artística se encargó de Romualdo García de Paredes (de la producción, adaptación del argumento, redacción de rótulos y de la dirección de los actores. Ellos mismos intervendrían en dos papeles.






José González Rivero nació en Cuba pero vivió desde muy pequeño en La Laguna, donde fue empresario y gerente del Parque Viana y del Teatro Leal, mientras que García Paredes, diez años más joven, colaboraba en varios periódicos.

Rivero tenía ya experiencia como fotógrafo y documentalista. Siendo Gerente del Teatro Leal se había comprado una cámara de cine alemana y con ella realizó desde 1922 varios reportajes. Durante los años 20 terminó más de diez documentales sobre temas isleños. Lamentablemente no se sabe qué ha sido de ellos.


Por el contrario, para Romualdo García de Paredes está fue su única película, en la que desempeñó muy acertadamente el papel del detective Carter, encargándose también de dirigir a los demás intérpretes y de redactar los rótulos explicativos que había que intercalar entre las imágenes de la acción.


El estreno se realizó en el emblemático Teatro Leal (Aguere) el 6 de septiembre de ese mismo año.





Y el mismo día se proyectaría también en el Parque Recreativo (Santa Cruz de Tenerife), lugar que ocupa en la actualidad el edificio central de CajaCanarias.



Una anécdota del día del estreno es que, como existía una sola copia y se quería proyectar a la misma hora, cuando se acababa un rollo en el Teatro Leal de La Laguna, se retiraba del proyector y se bajaba a toda velocidad en coche al Parque Recreativo de Santa Cruz. Así de aventurera fue la noche en que la película se vio en público por primera vez. Todavía no está claro si los rollos se subían a La Laguna o se bajaban a Santa Cruz.

Esta película, un serial policiaco de trece partes, se proyectaba en dos noches. El primer día se exhibía la primera mitad, y al día siguiente el resto (la segunda jornada).

La cinta fue anunciada a "bombo y platillo" con la siguiente publicidad:

"¡Grandioso acontecimiento artístico y cinematográfico!"

"Película de interesantísimo y emocionante asunto policíaco interpretada por artistas tinerfeños"

"¡Extenso metraje!"

"¡Extraordinaria manufactura fotografica!"

"¡Dos jornadas!"

"Verdadero derroche de paisajes canarios con interesantes panoramas de Santa Cruz, La Laguna y Norte de la isla de Tenerife."

"Argumento de sorprendente interés"

"Maravillosamente desarrollado por la Casa Editora Cinematográfica Rivero Film Canarias".

Principales intérpretes:

Angelina navarro, como ketty Henry.
Romualdo García de Paredes, como Tom Carter (detective)
José Miguel Mandillo, como David Henry
Rodolfo Rinaldi, como Hamilton
Pedro Rodriguez Bello, como Claret
Guetón Rodríguez Melo, como Carlos Simpson
Antonio E. Varela, como Malcome

Interpretes secundarios:

Carlos Reyes González de Mesa
Juanita Morales
Pedro Martín Valiente
Marisol García de Paredes Ferrer.
Cayetano Tenorio Mesa, como uno de los bandidos que raptaron a Ketty Henry. Cayetano tenía 20 años cuando se rodó la película.

Al ser una época de mucha miseria en nuestras islas, aparte no poseer lugares de diversión y esparcimiento para la población local, el estreno de la película se convirtió en toda una novelería siendo recogido por toda la prensa local. Hasta llegó a comentarse que, gracias a este acontecimiento, podría crearse en las islas una industria cinematográfica.



"El ladrón de los guantes blancos" fue rodada entre enero y agosto de 1926 en localizaciones de Santa Cruz de Tenerife, La Laguna, Tacoronte, Los Realejos y el Puerto de la Cruz. Se tomaron escenas en lugares como el Hotel Quisisana, el Salón de Espejos del antiguo Casino de Tenerife, Finca España, Monte de las Mercedes y de Anaga, Camino Largo, Hotel Taoro y Rambla de Castro, entre otros.

Es una película de 137 minutos, muda en blanco y negro con algunos teñidos en color como los tonos azules para simular la noche. Al haberse perdido el segundo rollo, la versión recuperada es algo menor que la original. Se cree que pueda estar extraviado en Cuba, Buenos Aires o en algún otro país donde se proyectó. Lo curioso es que el metraje estuvo completo hasta los años cincuenta del siglo pasado, que fue cuando se extravió. Una de las últimas veces que fue vista por el público fue una mañana de domingo, en el año 1955, en el cine Price de Santa Cruz de Tenerife, programada por el Cine-Club Universitario.
En las imágenes podemos disfrutar de un Camino Largo de La Laguna con unas palmeras que apenas medían un metro de altura. Se reconoce la antigua carretera Santa Cruz-Laguna-Tacoronte, con los raíles del tranvía. Claramente se distingue el Hotel Quisisana (cuando era hotel); el Hotel Taoro del Puerto de la Cruz; la antigua recova de La Laguna; los interiores de diversas casas particulares, y numerosos coches con matrículas TE de los números tres mil y pico.La película fue completamente artesanal. Todo el proceso técnico de revelado y montaje, así como el coloreado de algunas escenas realizados con virados y teñidos, los realizó Rivero en el laboratorio que tenía en su casa de la calle Consistorio de La Laguna.

Anécdotas del rodaje:
Una anécdota curiosa del rodaje es que la película se realizó sin utilizar luz artificial en ninguna de las escenas, ni tan siquiera en los interiores. 
Otra anécdota es que aprovecharon, para el rodaje, una de las primeras voladuras que tuvieron lugar en la cantera La Jurada de la carretera de San Andrés. Estas imagenes serían utilizadas como parte del desenlace.
Sinopsis:
David Henry es banquero retirado que vive junto a su hija Ketty en un lugar cerca de Londres. Henry recibe una carta de El Encapuchado que le comunica que piensa robar un valioso collar de diamantes de su familia durante la fiesta que tendrá lugar esa noche en su mansión. El banquero acude al abogado y detective Tom Carter, quien junto a su secretario y su ayudante intentan atrapar al El Encapuchado. Sin embargo no pueden evitar que se produzca el robo del collar. Se eligió una trama policíaca, al puro estilo de los seriales norteamericanos de los años veinte.

La película en la actualidad.
La copia original antigua, en material inflamable, se encuentra depositada en los archivos de la Filmoteca Española, habiéndose obtenido en Madrid un nuevo negativo mediante un lento y costoso proceso de reproducción. A partir de ese negativo se han obtenido dos copias nuevas de seguridad. Una de las copias quedó archivada en la Filmoteca en Madrid, y la otra pertenece a las hijas del director Rivero. Y ésta es la copia que se queda ya definitivamente en Tenerife, dispuesta para ser proyectada en actos culturales.
El 28 de diciembre de 1982, se estrenó esa nueva copia en el Cinematógrafo Yaiza Borges de Santa Cruz de Tenerife (antiguo Cine Tenerife y hoy convertido en un gimnasio). Aunque ese estreno se hizo a las 11 de la noche acudiría gran cantidad de gente, que llenó totalmente la sala. Tras una breve presentación, empezó la película, siendo acompañada al piano por Juan Puelles (miembro del colectivo Yaiza Borges). La duración fue de 105 minutos largos (una hora y tres cuartos)