lunes, 7 de enero de 2013

Ichasagua

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Corría el año de 1496 y los españoles daban por terminada la conquista de la isla de Achinech con el tratado de Los Realejos. 

Pero la isla aún no estaba sometida. Los guanches alzados y los que fueron traicionados por los españoles mantuvieron una guerra de guerrillas sobre todo en la parte sur de la isla de Tenerife.

Una vez "pacificada" las islas, los Reyes Católicos dejaron de subvencionar a Las tropas mercenarias así que los soldados profesionales traídos desde España fueron licenciados y se marchan al no poder hacer frente el de Lugo a los grandes gastos de los salarios. Así que, para poder pagar su suelo, decide mantener la política de la venta de esclavos para poder sufragar los gastos de su ejército. Pero aún así, el gasto era excesivo.



El de Lugo ya había pacificado las tierras fértiles del norte. El sur de la isla aún era una zona inexplorada y por ello la resistencia guanche iba en aumento. Estos conocían muy bien el terreno donde se movían. se alzaron por su libertad y defenderían metro a metro, palmo a palmo, su territorio. Conocían muy bien las cuevas, los caminos, los valles... pero el Sur era árido y no podrían esconderse con tanta facilidad como en el norte, pero tampoco los españoles y esa era su gran ventaja sobre el ejército invasor. Nuestros antepasados ofrecieron una dura resistencia.


Una de las medidas de represión que lleva a cabo, el de Lugo, es por sometimiento y secuestro de las familias Guanches de Paz. Ancianos, mujeres y niños eran hechos prisioneros para obligar a los Guanches a parlamentar con los alzados. 


Pero Los alzados conocían perfectamente los engaños de los españoles y ya no creían en sus treguas ni pactos. Envalentonados, este grupo de rebeldes decide volver a crear el Menceyato de Adeche, desde donde Gran Tinerfe y Sunta habían gobernado e impartido justicia sabiamente. Y de esta manera, en 1502, proclaman Mencey al noble Ichasagua, uno de los que no se acogieron al tratado de Los Realejos. Montó su corte entre Adeje y Arona en el Auchón Real.
La proclamación del Mencey Ichasagua, conmovió los inseguros cimientos de la recién implantada sociedad colonial europea. Comprendiendo los invasores todo el alcance político que tenía un hecho de esta naturaleza, en un país que no estaba totalmente pacificado, ordenan la invasión del menceyato de Adeje, por dos puntos distintos.

El de Lugo al saber el alcance del nuevo menceyato adejero decreta la prisión de algunos nobles de la zona sur y ordena la invasión del lugar por dos lugares distintos, desembarcando sus tropas en las costas de Chasna y Los Cristianos.


Así convencieron a algunos Guanches de que lo mejor era La Paz y de que si entregaban las armas obtendrían cargos políticos, tierras y ganado, consiguiendo que estos, al relacionarse con los alzados, provocaran la discordia entre los mismos. Utilizaban la táctica de la Cizaña, la discordia, mediante la mentira y el engaño. 

Por fin, don Pedro de Tacoronte en compañía de otros notables consigue reunir en Tagoror a algunos de los sigoñes alzados en un lugar de Abona que posteriormente se conocería como Los Parlamentos.





Llevaban los comisionados instrucciones de los invasores para negociar la paz bajo las mismas condiciones del tratado de Los Realejos, con olvido de todo lo pasado; proposiciones que acabaron por aceptar algunos de los alzados, siempre que el Mencey Ichasagua entrara en el acuerdo.

Aceptado el principio de acuerdo, la asamblea se dirigió hacía el píe del actual pueblo de Arona, al lugar denominado El Llano del Rey, el cual hasta fines del siglo XVIII en los documentos oficiales se cita como El Llano del Rey Ichasagua. Cuando llegó la comitiva a presencia del Mencey encontraron a éste en píe rodeado de algunos de sus consejeros, mirando al numeroso grupo que se le aproximaba, al frente del cual venía el infante Izora, cuando éste llegó a su presencia y después de dirigirle un saludo le dio a conocer su misión y las proposiciones de paz. 


El Mencey Ichasagua, sin corresponder al saludo de Izora, sin pronunciar una sola palabra, recorrió con la mirada los rostros de todos los que venían con él como tratando de adivinarles el pensamiento, tiró de pronto de un puñal que llevaba al cinto y se lo hundió en el pecho. Así, cumpliendo con la tradición de sus ancestros, mediante el suicidio ritual murió el penúltimo Mencey Guanche, sin siquiera molestarse en dar repuesta a las propuestas que los verdugos de la matria le trasmitía a través de unos renegados.

Tras el fallecimiento del Mencey Ichasagua, algunos de los conjurados aceptaron las paces propuesta por los conquistadores y consiguieron arrastrar consigo a muchos de los alzados. 

La historia es testigo del poco honor que los españoles hicieron a lo pactado, como es habitual en ellos. Otros se dispersaron por las cumbres y montes manteniendo viva la lucha contra el invasor. 




Con el paso del tiempo, unos se fueron integrando en la nueva sociedad, otros, continuaron su lucha y su vida en las zonas más inaccesibles de nuestra geografía, decidieron huir y esconderse en lo más alto y escondido de las montañas donde los españoles tardarían años en llegar. Así se mantuvieron pueblos como los de pínolere, Masca, San Juan de la rambla, Icod el Alto..., y si bien con el tiempo las acciones de guerra se fueron aminorando, no es menos cierto que estos alzados jamás se rindieron al invasor, por tanto, podemos afirmar que aún continuamos en guerra con la potencia invasora, en una especie de tregua indefinida no declarada.

El colonialismo es astuto y previsor, por ello sus planes de dominio están concebidos a medio y largo plazo creando mecanismos sociales capaces de idiotizar a los individuos y a los pueblos. 




El sistema mantiene algún recuerdo de los menceyes que consideran vencidos o sometidos, por ejemplo: en la Plaza de la Villa de Candelaria las estatuas erigidas representan a los nueve menceyes que según las crónicas de los invasores supuestamente firmaron el pacto de Los Realejos (exceptuando a Bencomo) pero han ignorado deliberadamente a aquellos héroes que no se sometieron como Chimenchia-Tinguaro; Bentor; Sebenzui y el gran Ichazagua.
De esta forma murió el último Mencey Guanche Alzado. 

Según cuentan los lugareños, en este Roque, en algunas de las noches más claras, se puede ver en su cumbre luces moviendose de un lado para otro; dicen que son los alzados, clamando venganza por aquella traición a su Mencey: El Gran Ichasagua.




Un grupo de tropas españolas apoyadas por guerreros isleños, especialmente canarii y guanches de paces, superando las cumbres desembocaba por Chasna. Este ejército iba comandado por Guillén Castellano, lanzaroteño, Jerónimo Valdés, Sancho de Vargas, Andrés Suárez Gallinato y Francisco Espinosa. Simultáneamente, desembarcaba por la playa de Los Cristianos el mercenario flamenco mal llamado borgoñón, Jorge Grimón, al frente de 50 espingarderos y ballesteros, portando además socorros alimenticios para las tropas que habían penetrado por las cumbres.

Según la tamusni, la historia oral transmitida generación tras generación, estas fuerzas se pusieron en contacto y recorrieron el territorio sin poder librar una verdadera batalla, ya que el Mencey Ichasagua, conociendo las tácticas de combate de los españoles, ordenó a sus Tabores que se desplegaran por todas partes; pero en cuanto el ejército invasor se fraccionaba en columnas los alzados se concentraban y arremetían contra ellos, trabando encarnizados combates, de los cuales salieron siempre victoriosos los guanches, gracias a la nueva estrategia empleada por Ichasagua y porque ya eran muchos los katuten que tenían armas europeas, arrebatadas a las tropas españolas durante los encuentros mantenidos con éstas y especialmente en la gran batalla de Acentejo. Estas escaramuzas se mantuvieron varios meses sin resultados positivos para los invasores. Las pérdidas y el desgaste que estaba sufriendo el ejército español por los nuevos métodos de guerrilla empleados por Ichasagua, obligaron a los invasores a cambiar de táctica, empleando las argucias políticas y el engaño que tan buenos resultados le habían dado en campañas anteriores. Así decidieron replegar las fuerzas dejando a algunos isleños comprometidos con su causa, los cuales tenían por misión sembrar la discordia entre los Tabores de los alzados.



El 25 de noviembre de 1502, el Cabildo colonial se reúne en el templo católico de La Concepción en Aguere y trata, entre otras cuestiones, de la formación de una cuadrilla de guancheros para parlamentar con a los alzados ofreciéndoles las mismas condiciones pactadas en Los Realejos, la embajada estaría dirigida por los Tacoronte.

Por esas fechas estaba preso en la cárcel de la villa don Diego de Adeche, (Pelinor) el cual estaba encarcelado por orden del Alonso de Lugo acusado por este de acoger, ayudar y por negarse a traicionar a más hermanos de raza alzados. Recordemos que Pelinor fue, cuando la conquista, del llamado Bando de Paz ya que se negó a apoyar a Bencomo contra los invasores.

Los Tacoronte, aprovecharon la oportunidad para conseguir diplomáticamente la libertad del ex Mencey, el cual posteriormente tuvo una participación decisiva en la digresión de los alzados en el menceyato de Adeje.

A continuación, la transcripción íntegra de la sesión del del Cabildo colonial de aquella época: 

En este dicho día, en la yglesia de la Concebcisyón de la villa de San Cristóval, entraron en Cabildo los onrados señores Pero Mexía, alcalde mayor de la ysla, y los regidores Fernando de Trosyllo e Cristóval d'Espyno e Gerónimo de Valdés e Mateo Vyña e Guillen Castellano e el jurado Francisco de Albornoz, e fezieron e ordenaron lo syguiente:

Habla sobre los guanches.
E luego platicaron en Cabildo sobre poner remedio cómo se tomasen los alçados guanches que andaban robando la ysla.

Requerimiento de guanches.
E luego paresció ende presente Ximón e Fernando Tacoronte e Gaspar e Francisco de Tacoronte, guanches, por lengua de Guillen.

E hezieron un requerimiento al dicho señor alcalde mayor Pero Mexía que estava presente, que por quanto el señor Governador Alonso de Lugo e por la señora Bovadilla e regidores les ha sydo mandado que tomen los guanches alçados ladrones, que ellos están prestos de lo hazer e cunplir e trabajar en ello con todo su poder, con tal que les sean dados los mantenimientos y espensas nescesarias y las otras cosas; e que por quanto al presente el señor alcalde tyene preso a un guanche que se dize don Pedro (por don Diego) de Adexe, el qual sabe la tierra del reyno de Adexe do andan los alçados, que por tanto se lo mandase dar e que ellos se obligavan e obligaron con sus personas e bienes muebles e rayzes para se lo dar cada que se lo pediese e demandare, so pena sus personas a merced del rey e los bienes perdidos.

Respuesta del alcalde.
E luego el dicho señor alcalde dixo que lo requerido por los dichos guan­ches le paresce bien, pues que le dan fiador de la faz que les da el dicho guanche; que pedía a los señores regidores le digan su parescer.

Parecer de los regidores.
E luego todos los dichos regidores dixeron que su voto e parescer es que al dicho guanche que asy está preso se lo de el dicho alcalde a los dichos guanches para sacar los dichos alçados, pues que es servycio de Dios e bien e pro de la ysla; con tanto quel dicho alcalde resciba fiança bastante de la haz del dicho guanche.

Respuesta del alcalde.
E luego el dicho alcalde respondió al voto e parescer de los dichos regidores, en que dixo que en presencia de todos, que la señora Bovadilla le en­comendó la vara de justicia, con acuerdo de todos ellos, para que él feziese justicia a servicio de Dios e de sus Altezas, y que el dicho guanche él le tenía preso por ciertas querellas que del dieron, de las quales el dicho alcalde ha quesydo saber la verdad y no ha hallado por do pueda proceder contra él por ningund rigor de justicia, e que el dicho guanche está preso y que él no lo ha soltado fasta más se ynformar, y que pues al parescer de tos los se­ñores regidores e suyo es que el dicho guanche puede aprovechar para ayudar a tomar los alçados que andan robando la tierra e vecinos della, e que le plaze dar en fiado a todos los quatro guanches que hezieron la dicha obligación, para que cada e quando se lo pediere el alcalde o otro juez lo pornán en la cárcel segund que se obligaron.




A partir de este acuerdo entran en escena la cuadrilla de guancheros formada en La Laguna por don Pedro de Tacoronte, sus hermanos y parientes y el príncipe Izora, éstos mantienen contactos secretos con determinados Sigoñes de los tabores de Ichasagua, transmitiendo una serie de promesas de parte de los conquistadores, las cuales, por otra parte y como era habitual en ellos, jamás cumplirían. 

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