jueves, 2 de septiembre de 2010

El triste expolio de la cueva de Uchova - 1933

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      El diario digital canarias24horas.com publicó, el martes 31 de Agosto de 2010, un artículo que debería hacer reflexionar a todos los canarios por lo que está ocurriendo con nuestro patrimonio histórico.




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Un estudio recuerda el expolio de la mayor necrópolis guanche jamás hallada 

 

      La investigadora Dolores Delgado rememora en un estudio el hallazgo,  en 1933,  de la necrópolis guanche de Uchova, en el municipio tinerfeño de San Miguel de Abona, el mayor yacimiento funerario indígena jamás hallado, con más de medio centenar de cuerpos, y que fue saqueado hasta su total destrucción.

      Delgado ha publicado su trabajo sobre la cueva de Uchova, "76 años después de su descubrimiento y destrucción", como pequeño homenaje a quien fuera director del Museo Arqueológico de Tenerife Luis Diego Cuscoy, quien calificó el expolio como una " brutal destrucción, uno de los hechos más bochornosos registrados en un yacimiento arqueológico y una "triste experiencia" que debía servir de enseñanza.

      El artículo fue escrito, por Diego Cuscoy en una separata de la Revista de Historia nº 100 fechada en 1952. En ella, el autor hacia referencia a las diversas vicisitudes que sufrió el hallazgo y denunciaba los hechos acaecidos durante el expolio de la necrópolis guanche más importante descubierta en Tenerife desde el pasado siglo. 


      En el artículo D. Luís retomaba de nuevo la necrópolis de la Cueva de Uchova en el barranco de la Tafetana, ubicada en el término municipal de San Miguel, recuperando del olvido el hallazgo que tuvo lugar en 1933 y lo hizo guiado por un doble propósito, según sus palabras: "lo primero salvar para la arqueología el más importante yacimiento funerario descubierto en Tenerife hasta ese momento (hoy aun sigue sin hallarse un yacimiento funerario de esa magnitud) y utilizar la triste experiencia como paradigma y enseñanza".



       La investigadora señala en una entrevista a Efe que en la cueva situada en el barranco de la Tafetana "ya no queda ninguna huella del material antropológico que acogió la cueva", y hoy los restos se pueden encontrar en los depósitos del Museo Arqueológico del Cabildo de Tenerife.

       La cueva fue descubierta accidentalmente por el cabrero Domingo Pérez
en mayo de 1933 y se trata de un lugar de difícil acceso, a mas de 400 metros sobre el nivel del mar y a más de 50 del fondo del barranco.

       Al principio Domingo Pérez silenció su hallazgo, al parecer porque quedó "impresionado", pero luego trascendió entre los vecinos y llegó hasta la Guardia Civil, que interrogó al cabrero, y es el capitán de la Guardia Civil, Santiago Cuadrado y el alcalde del municipio, Casiano Alfonso, los que comunican al gobernador civil, Gil Tirado, "el sensacional descubrimiento".

       La notica fue dada a conocer el 24 de junio de 1933 por los medios informativos del momento, entre otros los diarios "La Prensa" o "La Tarde" pero, es de primicia, el diario "Hoy" con un artículo firmado por D. Abelardo Salas, el que se hace eco del extraordinario acontecimiento que al parecer fue hecho de manera fortuita por un vecino del lugar llamado D. Domingo Pérez González que, según parece, denuncia el descubrimiento al Ayuntamiento de San Miguel tres días después según fuentes escritas.



      Consultada la prensa por esta investigadora, descubre que publican la noticia con datos discrepantes: en unas informaciones se habla de que habían inicialmente "unas 80 momias" mientras que en posteriores noticiarios varían entre 74 y 60 los cuerpos hallados.

      Según el artículo que Abelardo Salas remitió al diario "Hoy" el 24 de Junio de 1933 cuyo título,  "En una cueva de las proximidades de San Miguel ha sido encontrado un cementerio guanche con 80 momias y utensilios domésticos",  en esta información ya se daba el nombre del descubridor, D. Domingo Pérez González, y se dice que éste se hallaba cogiendo hierba cuando descubrió la cueva y se dan vagas noticias para llegar al barranco sobre el acceso a la necrópolis a la que llama "palacio". Si bien en el curso de la información desmiente el título y señala que el número de cadáveres es de 60, con la misma falta de precisión dice que habían objetos de barro, madera y de cuero, cama de materias vegetales, etc...


      Ese mismo día, en el periódico "La Tarde", se da cuenta que el capitán de la Guardia Civil, D. Santiago Cuadrado comunica desde San Miguel al Gobernador Civil el sensacional descubrimiento. Interrogan a Domingo Pérez y éste declara "que en distintos puntos y formando grupos de dos o tres y algunas veces más se encontró en el suelo,  en las paredes y en el techo, como si fueran nichos, multitud de esqueletos humanos y en un recodo de la cueva unidos vio hasta doce".  El Gobernador Civil tambíen ordena al Alcalde de San Miguel que custodie el yacimiento. Ese mismo día, la primera autoridad civil acompañada del Presidente del Cabildo Insular y de otras autoridades se traslada a San Miguel, van así mismo periodistas y fotógrafos. 

      En ese mismo día 24, ya en el "Diario La Prensa", se publican más noticias del descubrimiento, en el título se advierte el temor por la integridad de la necrópolis: "Hallazgo interesante.  Del cementerio guanche de San Miguel se llevan varias momias y algunos objetos".  Dicen que son 74 los cadáveres que se encuentran en la necrópolis y da noticias más precisas sobre la colocación de los mismos.  "Estaban colocados en el interior de una cueva en una especie de camarote construido con palos de sabina, acostados en posición de cúbito superior... se dispuso que un guardián vigilase la cueva, dándose después permiso al público para que visitasen las momias", pero hubo que suspender la entrada porque muchos de los visitantes se llevaban huesos y utensilios pertenecientes a los aborígenes, sintiéndose impotente el guardián para impedirlo.

      En su artículo, Luis Diego Cuscoy cita los incidentes transcurridos durante el descubrimiento y los días sucesivos como "uno de los hechos más bochornosos que cabe registrar en estos últimos 50 años, en lo que a yacimientos arqueológicos se refiere, lo que constituye la brutal destrucción de la necrópolis guanche enclavada en el Barranco de La Tafetana".  Cuenta Cuscoy que al día siguente de publicar la noticia (25 de Junio) la Prensa dedicó cuatro columnas y, hasta Nijota, en una "Musa cómica", se ocupa de las 70 momias. Las conclusiones de Cuscoy son verdaderamente desconsoladoras y, según él, de haberse conservado intacta hoy sería el único yacimiento funerario datado en el archipiélago de esa importancia incluso hasta las investigaciones actuales conocidas.



       Al final, y según el trabajo de Luis Diego Cuscoy, los huesos que "sobrevivieron" al expolio, parece que podrían haber sido de unos 55 cuerpos en Uchova, término que posiblemente derive del vocablo guanche "uchón" o "auchón", que tiene un paralelismo en el vocablo bereber "ichuva" o "cueva", explica la investigadora.

       Por aquellos días el director general de Bellas Artes recibe varios telegramas del gobernador civil y éste emite órdenes al alcalde de San Miguel para que custodien el yacimiento, que es visitado por el presidente del Cabildo de Tenerife y otras autoridades de la época, periodistas y fotógrafos.

       Lo curioso es que a pesar del difícil acceso, comienza entonces un fenómeno, el de la "peregrinación" a la Tafetana, por la que se calcula que llegaron a pasar más de 4.000 personas en tres o cuatro días procedentes de San Miguel, Granadilla, Vilaflor y Arona, sin precedentes para ningún yacimiento prehispánico. Y empieza el expolio.

       "Se llevaron huesos largos, con o sin momificación, cráneos, desaparecieron los maxilares inferiores en su casi totalidad, por creer los que allí visitaron la cueva que era lo más valioso", si bien se recuperaron algunos con posterioridad, según precisa Dolores Delgado.

       En los primeros días tras su hallazgo el director de la Escuela de Bellas Artes, Pedro Suárez, realizó un valioso dibujo de la cueva y de cómo estaban colocados los cuerpos, unos en una especie de repisas naturales y otros en lechos acondicionados, si bien sólo un par de días después, cuando se sacaron las primeras fotos del lugar, "casi la mayoría de los restos ya estaban revueltos".


      Posteriormente van llegando informes más exactos acerca de la colocación de los cadáveres que descansaban sobre troncos de sabina sobre piedras de grandes dimensiones a los que se habían apoyado unos palos y sobre éstos numerosos cadáveres superpuestos.  Se miden esqueletos y se dan las dimensiones (1,75 y 1,90 metros).  Solamente se advierten restos de momificaición en seis cuerpos, en las manos con las uñas intactas y uno con el pié entero, de hecho el día 26 de Junio de 1933 el periódico "La Tarde" traía una amplia información de la cueva, refiriendose a ella por primera vez, y la llama "de Uchova". 

       Entre los cuerpos allí depositados se encontraron seis con señales de momificación y al fondo de la cueva varios adultos, entre ellos una mujer y un niño, del que "después de las desafortunadas visitas sólo quedaron unas costillas".

       Algunos restos aún conservaban sus envolturas de piel, descansando sobre troncos de sabina de grandes dimensiones, se midieron los esqueletos y se obtuvieron registros de entre 1,75 y 1,90 metros, según Luis Diego Cuscoy.

       El estudio de esta cueva funeraria revela las particularidades de los ritos mortuorios aborígenes que hasta entonces se desconocían, como la colocación de los cadáveres y el acondicionamiento de sus lechos.

       "Como en muchas sociedades, la guanche establece en el rito funerario la distinción entre los ámbitos sagrado y profano, lo terrenal de lo espiritual, utilizando un aislamiento del suelo de la cueva para la colocación de los cuerpos ya sea en forma de tablones de madera, enlosado de piedras, cama de ramas de brezo, etc", añade Dolores Delgado.

       La cultura guanche mantuvo un sistema de enterramiento distintivo según sexos con una disposición típica: los hombres en posición de cubito supino y las manos paralelas al cuerpo, mientras que en las mujeres las manos están colocadas sobre el pubis, aunque este es susceptible de variación.

       Además se solían enterrar con un ajuar funerario, posiblemente los utensilios que hubiesen tenido en vida, en el caso de la cueva de Uchova se hallaron,  en la campaña de excavación de 1952,  90 cuentas de collar, un punzón de hueso, restos de pieles, algunos hachones de tea, un gánigo de barro cocido que perduró milagrosamente sin ser visto, un pequeño cuenco pardo rojizo hallado en una oquedad del techo.

       "Es posible que hubiese existido alguno más acompañando los ajuares funerarios", como señala Dolores Delgado.

       También se halló un cuenco de madera del que sólo se conserva la mitad.

       El saqueo que sufrió la necrópolis fue constante durante casi cuatro meses -hubo un día en el que entraron a la cueva más de 600 personas- y de las personalidades de la isla que acudieron a visitarla sólo sobrevive la escritora e investigadora María Rosa Alonso, que en el momento del hallazgo era la secretaria del recién fundado Instituto de Estudios Canarios.

       Para evitar el pillaje continuado, en septiembre de 1933 se puso una cancela a la entrada de la cueva después de que el Ayuntamiento pusiese como guardián al propio cabrero que la había encontrado, quien se vio "apabullado" por los visitantes y no podía evitar que se llevasen huesos y utensilios.

       Lo que sobrevivió fue depositado en cajas en el Museo Arqueológico de Tenerife y, tras veinte años en el "olvido", fue estudiado por Luis Diego Cuscoy en una investigación que publicó la separata de la Revista de Historia de la Universidad de La Laguna.

       Dolores Delgado, que ha publicado un trabajo inicial en la revista de San Miguel de Abona "La Tajea", quiere ampliar su investigación con la documentación que está recopilando del Archivo General de la Administración así como los solicitados a los Fondos documentales del Archivo del Ayuntamiento de San Miguel de Abona, del Museo Arqueológico del Tenerife con los informes sobre la cueva.



 

      Hasta aquí el artículo. Tras leerlo descubrimos la ignorancia de un pueblo que se llevaba los restos de sus antepasados como quien se lleva una piedra de la playa.  ¿Dónde fueron a parar esos huesos? ¿al cubo de la basura? Pudimos haber tenido un museo natural de restos aborígenes, una especie de "Cueva de Altamira" o "Cueva pintada de Gáldar" pero ahora no tenemos nada. La pena es que quienes expoliaron los restos no fueron gentes venidas de fuera sino nuestros propios paisanos.  Esperemos que los descendientes de esas personas reflexionen y entreguen lo poco que nos va quedando de nuestro pasado, si es que aún lo conservan.



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1 comentario:

guillermo hernandez dijo...

No es practico comentar sobre la ignorancia canaria del valor que representaba ese hallasgo ,es de pensar que simplemente la pobreza les indujo al espolio en busca de una mejora ganancial,y si el nivel de educacion hubiese sido mas alto incluso al nivel administrativo no hubiera ocurrido , desfortunadamente ,la administracion fue tan colaboradora como el pueblo en su destruccion , ya de por si, se menciona que 20 años en espera de un resultado arqueologico echo dado a su apellido foraneo por un señor con sabiduria ,no la tipica imagen del sugeto local o hacentado politico, en fin otra tragedia de nuestra parte la cual se orquestro para que haci fuese ,y solo nosotros de culpar,con razon no tenemos historia ni antecedentes naturales se han procurado de erradicar todo los vestigios del conocimiento guanche atraves de su propia descendencia