miércoles, 27 de enero de 2010

Mencey Bencomo - Capitulo IV - Encontronazo en Gracia



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Mencey Bencomo - Capitulo IV
Encontronazo en Gracia 



4 de Mayo de 1494

      Tras el fracaso de las negociaciones con los menceyes opuestos a Imobac Bencomo y con la negativa del Mencey de Anaga, Beneharo, de dejar avanzar por su territorio al ejército invasor Alonso Fernández de Lugo temiendo la unificación de las fuerzas guanches, compuesta de campesinos y pastores, decidió partir personalmente al mando de un pequeño batallón de soldados de élite, en reconocimiento ofensivo hacia el mayor asentamiento aborigen de la isla, AGUERE, y que actualmente se le conoce con el nombre de "San Cristóbal de La Laguna".  De esta forma saldría, en la mañana del 4 de mayo del Real de Santa Cruz, Alonso Fernández de Lugo al mando de un pequeño batallón muy bien armado. En su avance se dedicaron a robar todo el ganado de cabras y ovejas que veían suelto.




      Como el camino era muy intricado hasta llegar a Aguere decidieron acampar y pasar la noche pues tenían miedo de ser atacados por los guanches al no conocer la ruta exacta.  Así que, a muy pocos kms de Aguere, en lo que hoy en día se conoce como "Gracia" montaron el campamento en una zona desprovista de vegetación.

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      Hay que hacer notar que, en aquellos tiempos, la vegetación existente entre Añazo (actualmente Santa Cruz) y Aguere era extremadamente frondosa poblada de un tupido monte plagado de altos pinos, brezos, hayas, palmeras y otras especies. Desgraciadamente hoy en día sólo existe muy excasa vegetación.

      Casualmente esa mañana del 4 de Mayo se encontraba en esa zona Imobac Bencomo con su hermano Tinguaro. Se había reunido con 400 guanches que estaban temerosos por los acontecimientos que tenían lugar en la costa de Añazo, lugar donde habían desembarcado los extranjeros, y le expresaban su malestar por los robos de ganado que estaban realizando los invasores.

      Hasta ese momento los guanches, recelosos, se habían dedicado a ocultarse y no se dejaban ver.  Sabían que las intenciones de los extranjeros no eran muy buenas y más después de verles robar sus ganados y lo poco de valor que tenían.

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      Y lo que tenía que ser ocurrió pues el Alonso e Imobac se encontraron frente a frente.

      Según los cronistas de la época, los castellanos se sorprendieron del encuentro y se prepararon ante posibles hostilidades de los guanches. El de Lugo se sorprendió al descubrir, por primera vez, quién era el Gran Mencey respetado y admirado Imobac Bencomo. Un hombre de unos 72 años muy alto y robusto.




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      Los cronistas de la época atribuyen a Bencomo la siguiente frase:


«Poco valor he notado en éstos que pretenden conquistar nuestra tierra, pues apenas nos vieron cuando se han alborotado y quedando de pie como helados».

      Bencomo se acercó al ejército castellano abriendo los brazos en cruz y cruzándolos sobre el pecho, en señal de paz. Tinguaro observaba a muy corta distancia. El de Lugo mandó a su encuentro a tres intérpretes, entre los que se encontraba Guillén Castellano, otro guanche colaborador de los invasores. Guillén Castellano era el nombre que le habían puesto al ser bautizado, era un maho, aborigen perteneciente al sur de la isla de Titeroigatra (actualmente denominada Lanzarote). Imobac preguntó qué intención traía el jefe de aquella tropa al invadir su tierra; a lo que contestó Guillén Catellano en nombre de Alonso:

«[...] Venimos a procurar vuestra amistad y la de vuestro pueblo y a requerirles que se hagan cristianos, como lo son los de las otras islas y os sujeteis y rindais al rey de España, que os tomaría y recibiría bajo su amparo y protección y os haría muchas mercedes [...]».
 
      La tradición dice que Bencomo respondió, con una gran serenidad que sorprendió a todos, en los siguientes términos:


«[...]En cuanto a la amistad les diré que ningún hombre que sea provocado por otro tendría por qué huir de ella o rechazarla, pues la libertad es un bien común;  la admitirenos siempre y cuando ustedes se vayan de nuestra tierra y nos dejen en paz[...] En cuanto a lo de ser cristiano, sepan que no comprendemos qué cosa es ser cristiano, ni entendemos esa religión, pero les prometemos que nos informaremos sobre la misma y en un futuro daremos respuesta a esta petición. [...] Pero lo que ustedes nos proponen sobre sujetarnos al rey de España, les garantizo que no somos de ese parecer porque jamás me he sometido a nigún otro hombre como yo; [...]; en cuanto someterme a otro rey ..., he nacido mencey y mencey moriré».

      Desde el 27 de noviembre de 1988 hay una placa conmemorativa por fuera de la cueva del Mencey Bencomo con la siguiente inscripción:


"Jamás me he sometido a otro hombre como yo.  
Libre he nacido y así viviré siempre.  
Mayo 1494"




      Tal vez el de Lugo se dejó llevar por la emoción y, en su deseo de atrapar al mencey Bencomo para pacificar toda la isla, decidió entrar en combate.  Pero los guanches, a base de piedras y palos, consiguieron hacerlos huir.



       Los guanches saltaron de júbilo, bailaron y festejaron esta derrota de los invasores y cuenta la leyenda que Bencomo, gritó a su pueblo:

 ¡Miren esa gente que se detiene ante nuestro aspecto, por Echedey y por mi padre el gran Tinerfe, juro por sus huesos que se van a acordar de mí!”.

      Éste no será el primer y único enfrentamiento entre Imobac y Alonso; sin embargo Fernández de Lugo decide enviar parlamentarios que convencen a Bencomo, en principio, para que se retire a sus dominios de Tahoro (Orotava), pues se encontraba en tierras neutrales de su hermano Añaterve. 

      Alonso de Lugo esta treta sólo le ha servido para reconocer el terreno y  ganar horas pues ha comprendido que ha de prepararse para la guerra pues esos campesinos son más fieros de lo que él esperaba.  Imobac tambien ha comprendido, con este primer encontronazo, que sus oponentes son más fuertes de lo que él esperaba pues utilizan armaduras que protegen sus cuerpos y armas muy extrañas que matan a distancia, como los arcos y ballestas y decide abandonar las tierras e Añaterve pero con una idea rondandole en la cabeza, la de acabar con el ejército invasor pero... ¿de qué forma? en número son menos que los guanches pero en fortaleza les superan.





 CONTINUARÁ




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1 comentario:

eumani dijo...

Alonso Fernandez de Lugo fue herido de una pedrada en la boca en la Batalla de acentejo, que me imagino que le tuvo que doler...